Trump condena la ola de ataques contra personalidades demócratas

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Obama, Clinton, la CNN, el exdirector de la CIA y el exfiscal general reciben paquetes bomba en plena agitación política por las elecciones legislativas

Una alineación de los principales enemigos del trumpismo, la corriente ideológica surgida con el ascenso a la Casa Blanca de Donald Trump, no sería muy diferente de la lista de destinatarios de la oleada de ataques con paquetes bomba vivida ayer en EE.UU: Barack Obama, primer presidente negro del país, tótem demócrata y responsable, para sus rivales, de dividir el país con sus políticas sociales; Bill y Hillary Clinton, expresidente demócrata y ex secretaria de Estado, además de contrincante de Trump en las presidenciales de 2016; John Brennan, exdirector de la CIA, muy crítico con Trump y al que el presidente ha vilipendiado; Eric Holder, fiscal general con Obama; Maxine Waters, congresista demócrata de California, combativa con Trump y a la que el presidente ha sacudido con fuerza este año.

Todos ellos recibieron en sus oficinas o domicilios paquetes con bombas caseras o material sospechoso, que interceptó el Servicio Secreto o las fuerzas de seguridad antes de que pusieran en riesgo a sus destinatarios.

Los ataques de ayer se suman al que sufrió el lunes el financiero George Soros, patrocinador de causas liberales y objetivo habitual de los grupos de extrema derecha, al que se le colocó un paquete explosivo en el buzón de su casa.

Las autoridades no han ofrecido ninguna pista sobre quién o quiénes están detrás. Las circunstancias, sin embargo, apuntan a un ataque coordinado y ejecutado por la misma persona o por grupo. No solo porque sus destinatarios tengan en común ser objeto habitual de ataques por parte de Trump y sus aliados y el intento de acabar con ellos o amenazarles haya sido casi simultáneo. Los paquetes tienen una apariencia similar: sobre de color manila, con explosivos caseros y con las direcciones del destinatario y del remitente en pegatinas. Según aseguró un miembro de las fuerzas de seguridad a la CNN, los artefactos son «rudimentarios, pero funcionales» y podrían haber sido peligrosos. Algunos contenían también polvos de color blanco.

Exdirigente demócrata

Todavía más concluyente es que en varios paquetes aparecía como remitente Debbie Wasserman Schultz, congresista de Florida que fue presidenta del Comité Nacional Demócrata, el órgano de dirección del partido, y que tuvo que dejar el puesto tras un escándalo en las presidenciales de 2016. Se filtraron emails, posiblemente por un ataque informático dirigido desde Moscú, que dejaban claro como ella y la dirección demócrata favorecieron a Hillary Clinton frente a su contrincante en las primarias, Bernie Sanders. La oficina de Wasserman en Florida tuvo que ser evacuada: el paquete enviado a Holder tenía la dirección errónea y fue devuelto a la dirección del remitente, donde fue detectado como sospechoso.

La mayoría de los paquetes fueron localizados en Nueva York. Tanto los Clinton como Soros viven en suburbios adinerados de la Gran Manzana y los paquetes fueron enviados a sus domicilios. Otro llegó a la oficina en Manhattan del gobernador, Andrew Cuomo. Y el dirigido a Brennan fue detectado en la sede neoyorquina de la CNN, donde es colaborador. La cadena es uno de los enemigos favoritos de Trump, que le cuelga constantemente la etiqueta de «fake news». Sus oficinas en Columbus Circle, uno de los principales nudos de comunicación de la ciudad, tuvieron que ser evacuadas durante buena parte del día. Los Obama lo recibieron en su residencia en Washington.

La Casa Blanca condenó los ataques, aunque no llegó a tratarlos como de terrorismo. Un comunicado de la secretaria de Prensa, Sarah Huckabee Sanders, aseguró que «estos actos atemorizantes son despreciables», algo similar a lo que escribió el vicepresidente, Mike Pence, en Twitter. Trump se limitó a compartir el mensaje de Pence y escribir un sucinto «estoy de acuerdo completamente». Más tarde, en un acto sobre la crisis de opiáceos, tuvo la oportunidad de hablar de ello, pero al contrario que en otras ocasiones, cuando se lanzaba a calificar ataques como de terrorismo, prefirió hablar de «paquetes y aparatos sospechosos» y condenar «actos o amenazas de violencia política que no tienen sitio en EE.UU.». Trump, un presidente volcánico entregado a la confrontación, que hace pocos días felicitó a un candidato que agredió físicamente a un periodista, aseguró que es el momento de «la unidad».

Desde Nueva York, tanto el alcalde, Bill de Blasio, como el gobernador Cuomo, ambos demócratas, calificaban los sucesos de «actos de terror» y apuntaban a la tensión política que vive el país, entre la retórica trumpista y las decisivas elecciones legislativas a la vuelta de la esquina, el 6 de noviembre. «Es perniciosa la retórica sobrecalentada, el extremismo que empuja a la gente hacia la violencia», dijo Cuomo. De Blasio añadió que la «atmósfera de odio contribuye a la violencia» y que evitar mensajes así debe empezar «arriba del todo», en clara referencia a Trump.

Aún más evidente fue la utilización política por parte de los ataques de Hillary Clinton, que aseguró que «en tiempos de profundas divisiones» hay que hacer todo lo posible para «unir al país», lo que incluye «elegir a candidatos que intenten hacerlo».

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